sábado, 24 de octubre de 2009

La transexualidad no es enfermedad ni patología

La enfermedad imaginaria

Cuando a principios de año la Asociación Americana de Psiquiatría anunció que revisaría su manual de desórdenes mentales —Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSMIV), según su nombre y sigla en inglés—, un instrumento de referencia para el tratamiento y diagnóstico de enfermedades psiquiátricas en el mundo, parecía que cierto viento de libertad finalmente iba a soplar: uno de los puntos en cuestión era la posible remoción de esta lista de la transexualidad y de cualquier “trastorno” (la palabra es potestad de galenxs) relacionado con la identidad sexual y de género. Un evento que sin duda quedaría grabado en el calendario tanto como quedó el 17 de mayo de 1990, cuando la Organización Mundial de la Salud, finalmente, dejó de considerar como una enfermedad a la homosexualidad. Claro que la elección del director del grupo de trabajo formado para esta revisión del manual convirtió rápidamente esos aires de libertad en un bufido. El doctor Kenneth Zucker, el elegido para ese puesto, es un reconocido militante a favor de la normalización, tanto que entre sus mayores logros se cuenta una terapia para “adecuar” a niñxs intersex a la identidad de género que les asignaron sus mayores, apoyados por la supuesta imparcialidad de la ciencia. Es más: para el doctor Zucker, la transexualidad no es más que una mala salida del closet y la felicidad para estas personas está a la vuelta de su clínica en la que ha dedicado una vida de esfuerzos a consagrar la sexualidad normativa; sólo hay hombres y mujeres y para cada lado de esta moneda de dos caras hay un cuerpo, ni más ni menos. Por supuesto, las organizaciones trans e intersex reaccionaron y en este mes de octubre se está llevando una campaña internacional para denunciar la actuación de Zucker y para exigir que se termine de patologizar a las personas trans e intersex. Stop Patologización Trans: objetivo 2012, marcó ese año en la agenda para conseguir, por fin, la soberanía de cada cual sobre su cuerpo y también para exigir otras medidas revolucionarias como que se elimine la identificación de sexo en los documentos de identidad. Porque aun cuando, como en Uruguay, se legalice la posibilidad del cambio de sexo, no deja de ser cierto que este trámite exige la humillación de someterse a diagnósticos en los que se debe afirmar un malestar hacia el propio cuerpo tal que sólo la compasión por alguien enfermo pueda autorizar a que el resto del mundo reconozca su propia identidad. El diagnóstico, entonces, sentenciará disforia de género, una forma elegante, académica de llamar a la transfobia, al miedo que genera que el mundo se desarticule en muchas otras identidades, además de las tranquilizadoras categorías de hombre y mujer que, más allá de lo que digan los manuales, ya han sido puestas en cuestión por esos cuerpos e identidades ineludibles que abren el abanico de posibilidades para ser y estar en este mundo.

PÁGINA 12, Argentina, 16 de Octubre de 2009
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/soy/1-1043-2009-10-21.html


Son los derechos humanos, doc
cartas a soy@pagina12.com.ar

Nuestra demanda es clara. Es la misma que defendían nuestras compañeras trans en los años ‘80, la misma que la del movimiento gay y lésbico cuando pedían la retirada de la homosexualidad de los catálogos de enfermedades, la misma que la del movimiento feminista al pedir el derecho al aborto libre y gratuito. La misma que la del movimiento intersex al reclamar que cesen las operaciones a los bebés. No es una cuestión de minorías, es una cuestión de derechos humanos, del derecho al propio cuerpo más allá de los paternalismos que nos quieren hacer creer que no existen las presiones, los roles, los cánones de belleza, los cuerpos fuera del sistema. Tenemos muy claro que estos procesos tienen que ver con los pocos referentes que tenemos, y con el odio y auto-odio que acabamos generando hacia aquello que no conocemos, que no hemos visto nunca. Hasta hacia nosotrxs mismxs, porque no somos como deberíamos ser. No hacemos apología de las hormonaciones, ni de las operaciones, sino que reconocemos que actualmente modificar nuestro cuerpo es una cuestión de supervivencia. Porque desgraciadamente nuestro entorno acepta mucho mejor a un chico con cicatrices que a un chico con pechos.

Ya nos hemos cansado de escuchar que quieren ayudarnos. Si realmente alguien nos quiere ayudar, que hagan desaparecer todos estos mensajes que jerarquizan los cuerpos, que imponen lo que es bello y lo que es monstruoso.

La patologización de la transexualidad es una falacia, el objetivo de la cual no es liberar a las personas sino domesticarlas para que se adapten a nuestro sistema.

No dejaremos de luchar hasta que la transexualidad desaparezca de los listados de enfermedades, ni permitiremos que retiren la transexualidad para incorporar otras identidades no-normativas.

Decir aun hoy en día que la transexualidad es una enfermedad mental cuando miles de transexuales hemos dicho tantas veces que nos sentimos violentados y estigmatizados por esa definición es sumamente grave. No queremos que sigan hablando por nosotrxs, seguimos luchando para que se nos escuche, y lo seguiremos haciendo con fuerza hasta 2012. Para que nunca puedan decir que no lo sabían, para que no se atrevan a seguir clasificando nuestras vidas como patológicas, anormales, diferentes.

Para que lxs jóvenes trans se odien un poco menos, para que nos queramos todxs un poco más. Para que nunca más un psiquiatra en una consulta nos pregunte por qué somos como somos cuando los demás no tienen por qué justificarse. Porque la diversidad es nuestra mayor riqueza.

PÁGINA 12, Argentina, 16 de Octubre de 2009
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/soy/1-1044-2009-10-21.html

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