sábado, 7 de marzo de 2009

Para profundizar acerca del deslinde entre ciencia y religión

El creyente perdido
Alejandro Murillo Vega

almuri1984@hotmail.com

Me quedé perplejo al leer la publicación del artículo: “El eslabón perdido” del 28 de febrero pasado. Me impactó cuando se afirma que nunca se encontró lo que se denominaba como “eslabón perdido”. Me permito aclarar algunos puntos sobre el tema pues el autor parece muy necesitado de ello.

Primero que nada, el término “eslabón perdido” se refiere a fósiles transicionales, y es una expresión que ya no se usa hoy en día en la comunidad científica, no al menos para afirmar lo que se expresa en el artículo de Céspedes.

Segundo, han pasado casi 150 años (el 24 de noviembre se cumplen) desde la publicación de la inigualable obra “On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life”; y hasta nuestros días se han encontrado más de uno de estos “eslabones perdidos”. Recuérdese a Lucy, por ejemplo una Australophithecus afarensis (Johanson; White & Coppens, 1978), de 3 millones de años, y a todas las especies del género Homo que se argumenta pudieron haber estado dentro de nuestro linaje.

O mejor aún, el hallazgo clave en Els Hostalets de Pierola, España de Pierolapithecus catalaunicus, que data de 12,5 a 13 millones de años. Descubierto en 2002, y estudiado por Salvador Moyà-Solà1, el cual es clave para entender la relación de los linajes de humanos y los “grandes monos” (orangutanes, bonobos, chimpancés comunes y gorilas).

Esto es tan solo una reseña de como está dicho debate hoy en día, aún se siguen estudiando y descubriendo fósiles, aún se está lejos de dar por terminada la investigación, y mucho menos sacar un conclusión definitiva. Como dijo Sócrates: “La ciencia humana consiste más en destruir errores que en descubrir verdades”, por eso se va a paso lento, pero seguro.

Tercero, el señor Céspedes minimiza las evidencias moleculares y de anatomía comparada diciendo que los científicos pasan por alto “una dimensión espiritual (celeste)”, la cual es la que establece la diferencia definitiva entre el Homo sapiens y el resto del taxón Hominidae; si una persona hace tal afirmación cae en ella la responsabilidad de probar irrefutablemente lo que propone (hipótesis).

No son prueba de esta dimensión celeste juegos de palabras sacados de arcaicas recopilaciones de mitos y leyendas del otro lado del mundo, ni ideas meramente subjetivas, ajenas a comprobación. Lo que Céspedes expone pude ser calificado como un juicio de valor meramente subjetivo, o sea nada que merezca ser tomado en cuenta como aporte a los descubrimientos alcanzados por medio del método científico. Asumo que habla del “alma”, un “algo” cuya existencia no son capaces de demostrar de ninguna manera, solo aduciendo a la fe, o sea creer sin pruebas, sin cuestionamientos y sin razón, cosa ajena a la ciencia. Así que la ciencia no se está metiendo con su creencia señor Céspedes, es usted el que le está metiendo creencias a la ciencia.

Por último y no menos importante, nosotros los ateos no “creemos” en la evolución, la aceptamos como un hecho, personalmente el ateísmo es la conclusión lógica frente a la falta de argumentos y raciocinio que nos presentan las religiones, principalmente. Es una decisión que se toma frente a toda burla a la razón, así que no se trata de creer sino de concluir de acuerdo a la evidencia existente. Carecemos de lo que los creyentes llaman fe en el sentido mágico-sobrenatural.

El ateo no necesita repetirse una mentira una y otra vez para creer que la puede hacer pasar como una verdad absoluta, no necesita “hablar” con seres imaginarios para que nos cumplan nuestros caprichos; no tenemos esa extrapolación paternal que ustedes llaman dios. Nosotros somos concientes que de acuerdo a la realidad estamos solos frente al universo y que somos muy afortunados (o talvez no tanto) de ser una de las pocas especies (por no decir la única) que es conciente de su propia existencia; y que tenemos una gran responsabilidad al cargar con esta capacidad de razonar.

1 Moyà-Solà, S., Meike Köhler, David M. Alba, Isaac Casanovas-Vilar, and Jordi Galindo. 2004. Pierolapithecus catalaunicus, a New Middle Miocene Great Ape from Spain. Science 306: 1339-1344.

LA PRENSA LIBRE, Costa Rica, 4 de marzo de 2009

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